Historia

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La Vilavella es una localidad situada en la comarca de la Plana Baixa, a 30 metros sobre el nivel del mar, en la falda de la Sierra Espadán. A 20 km de la capital de provincia, Castellón, y a 50 km de Valencia, muy bien comunicada por carretera a través del eje Almenara – La Jana y a través de la estación de ferrocarril situada en la vecina localidad de Nules, que dista 2 km.

También está comunicada mediante sendas a través de la montaña con las localidades de Vall de Uxó, Alfondeguilla, Artana y Eslida. Posee un término municipal de 6,2 km2, rodeado en su totalidad por el término de Nules y una población sobre los 3.400 habitantes. Desde su ermita, dedicada al patrón San Sebastián y ubicada en la falda de la montaña, donde se encuentran los restos del castillo, se divisa una buena panorámica sobre el manto verde de naranjos que cubre la comarca de la Plana Baixa. También cabe destacar, como principal atractivo del municipio, el manantial de la Font Calda, por las propiedades minero-medicinales de sus aguas, que brotan a una temperatura de 27ºC.

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Aunque de época romana se conoce un santuario hispano-romano, excavado en 1979, emplazado en la cima de la montaña de Santa Bárbara, la primera carta de naturaleza de La Vilavella viene dada por la población musulmana que se asentó en el castillo que se rindió al rey Jaime I durante la primavera de 1238. El castillo, antiguo castillo medieval de Nules, era el centro de una baronía que comprendía además de la actual La Vilavella, las alquerías de Aigües Vives, Mezquita, Rápita o Moncofa, Beniezma, Mascarell, la Pobla, la Seyt, Benicató y la Alcudia, esta baronía fue donada por Jaime I a Guillem de Montcada en 1251. Una vez extinguido el señorío de los Montcada, en 1314 el feudo pasa a Gilabert de Centelles; será en estos momentos cuando se funda la población de la actual Nules, quedando en el núcleo de La Vilavella la población morisca hasta su expulsión en 1609. Dos años más tarde, Cristòfol de Centelles repobló La Vilavella con 29 cabezas de familia.

La iglesia parroquial, dedicada a la Sagrada Familia, es de estilo corintio, fue inaugurada en 1756 y restaurada en 1951. El Castillo, construido por los árabes en el siglo X, actualmente en estado ruinoso, conserva una interesante cisterna de la época árabe, así como diversas torres defensivas en su perímetro. Junto al núcleo urbano del municipio se encuentra la ermita de San Sebastián, que data del año 1934. A pocos metros de la mencionada ermita se sitúa la Gruta de Nuestra Señora de Lourdes, reproducción de la gruta de la localidad francesa del mismo nombre. La Font Calda, situada en el mismo núcleo urbano, en el paraje denominado Jardín de la Glorieta, manantial de aguas minero-medicinales, las propiedades del cual se conocen desde el siglo XVIII. Dentro del mismo recinto está ubicado el edificio del Cervelló, donde se encuentra el Museo de Historia de la Vila y un lavador público (curioso testimonio etnológico). En la actualidad, la población cuenta con un balneario situado en la Plaza de la Vila, que aprovecha las propiedades curativas de las aguas del subsuelo. A principios del siglo XIX, la población contaba con 11 balnearios que eran visitados por 10.000 personas.